Semblanza

SEMBLANZA JULIO COTLER

Antropólogo y sociólogo, peruano de primera generación, de padres procedentes de Moldavia, Julio Cotler nació en nuestro país en abril de 1932. Pasó sus primeros años en el Rímac, pero fue en Breña, en el barrio de Chacra Colorada, donde pasó la mayor parte de su adolescencia y juventud. Estudió en el colegio San Andrés, al que siempre agradeció su formación, tanto por las lecturas como por la participación que se propiciaba entre estudiantes y profesores. Del barrio de Breña y del colegio conservó muy buenos amigos que lo acompañaron a lo largo de su vida.

Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde optó por la carrera de Antropología. Inicialmente quiso estudiar historia pero en ese tiempo pedían memorizar demasiadas fechas y eso lo desalentaba un poco. Si bien siguió los cursos de Antropología, la joven carrera no le ofrecía todo el conocimiento ansiado. Eso se compensó en gran medida con lo que aprendió en las conversaciones con estudiantes como él, que eran ávidos lectores y discutían todo tipo de temas sociales y políticos en los patios sanmarquinos. Sus trabajos iniciales en Huarochirí dieron lugar a su tesis sobre San Lorenzo de Quinti, quizás su único trabajo enteramente antropológico, antes de decantarse por el estilo ecléctico, que incorporaba técnicas y referentes de diferentes disciplinas, que caracterizaría y enriquecería su obra posterior.

Como estudiante universitario, al igual que muchos jóvenes de su generación, se acercó inicialmente al comunismo. En Arequipa, en los cincuenta, participó en la lucha contra Odría. Conoció la prisión y por cosas del destino terminó en Huancayo (cuando pensaba que lo deportarían a Brasil). Allí, al igual que en los patios sanmarquinos, pudo dialogar con otros presos políticos y seguir aprendiendo y formándose. Pese a estar en la prisión con líderes guerrilleros, Julio no optó por el camino de la insurrección, aunque siempre tendría presente la lucha contra el autoritarismo como bandera que lo acompañaría en toda su trayectoria.

En un viaje por la sierra de Lima como parte de una investigación conoció a Leonor, quien fue su compañera a lo largo de todos esos años. Ella solo tiene palabras de agradecimiento a ese hombre generoso, como ella misma dice, con quien tuvo cuatro hijos. Juntos viajaron a Francia para que Julio continuara sus estudios, pues se había dado cuenta de que lo que realmente quería estudiar era sociología. En Burdeos realizó su doctorado en Sociología, teniendo como profesor y asesor de tesis a François Bourricaud.

Al término de su doctorado se fue a trabajar a Caracas, al recién formado Centro de Estudios del Desarrollo, de la Universidad Central de Venezuela. Posteriormente viajó a Boston a trabajar en el Massachussetts Institute of Technology. Esta experiencia internacional le dio la oportunidad de iniciar un fructífero intercambio con otros investigadores latinoamericanos y con latinoamericanistas de Estados Unidos y Europa. Sin embargo, él siente que debe regresar a nuestro país para estudiar los cambios ocurridos durante sus años de ausencia. En 1967 se incorpora a San Marcos como profesor, y también al Instituto de Estudios Peruanos como investigador. En esta primera etapa en el IEP produce “La mecánica de la dominación interna y del cambio social” (1968), que aparece en el primer número de la serie Perú Problema del IEP. El libro es una crítica a la visión dualista del Perú como dos esferas separadas, una moderna y otra atrasada. Julio plantea que estas dos esferas se vinculan entre sí y que este vínculo es clave para comprender la dominación de las élites, anclada en la fragmentación de los dominados, las relaciones de cooptación y el clientelismo. Diferentes versiones de este artículo se publicaron posteriormente en algunas revistas internacionales y contribuyeron a consolidarlo como uno de los principales intelectuales de la región.

A fines de los sesenta presenta el artículo “Pautas de cambio en la sociedad rural”, donde avanza en el desarrollo de la metáfora del “triángulo sin base”, que se convertiría en su interpretación sociológica más famosa. Según sostiene Cotler, la sociedad peruana se caracterizaría por la fragmentación, la falta de conexiones horizontales entre sus miembros y relaciones directas y verticales con las élites. La fragmentación de la sociedad y la relación de clientelismo serían las bases estructurales de la sociedad.

Tras el golpe de estado del general Juan Velasco Alvarado, Julio Cotler detectó el autoritarismo del velasquismo, pese a las reformas que promovía. En su lectura, la participación de la sociedad solo se daba dentro de los márgenes de control del régimen, algo que no iba de la mano con la defensa de la democracia. Si bien Julio entendía que el gobierno de Velasco era quizá uno de los más intensos periodos transformadores del país, consideraba que el hecho de que no primara la democracia haría que fracasara.

Con investigadores como Aníbal Quijano, César Germaná, y Rodrigo Montoya, editó la revista “Sociedad y Política” (1972-1983). Esta publicación buscaba aportar a la investigación de la realidad peruana y a la reflexión teórica en América Latina. En ella escribió un artículo que dio pie a su deportación en el año 1974.

Julio quería escribir un libro sobre Velasco, pero se dio cuenta de que para hacerlo tenía que analizar la historia (desde la colonia) que nos llevó al golpe. Conceptos clave que ya había creado, como el triángulo sin base y la herencia colonial, explicaban el proceso. En México, país al que había sido deportado, terminó de escribir Clases, estado y nación en el Perú (1978). Dice que pensó que sería el volumen inicial de un proyecto más grande, pero cobró vida propia y se convirtió en un clásico de las ciencias sociales. Un libro que lleva más de cuarenta años y que sigue siendo clave para entender el devenir peruano.

Si hay algo que caracterizó a Julio es que nunca se dejó seducir por el gobierno de turno, fue crítico con Fujimori, pero también con García o Kuczynski. Asimismo, a Julio han acudido políticos de izquierda y de derecha, ha dialogado con todos y ha mantenido siempre una postura crítica, algo que generó respeto por parte de quienes lo han escuchado. Uno de sus principales aportes a las ciencias sociales y políticas fue su convicción de que la investigación debía ser comparada, con una crítica permanente a la insularidad de las ciencias sociales peruanas y a la creencia de que Perú era un caso excepcional.

Julio fue un intelectual honesto, pero sobre todo, generoso, siempre dispuesto a discutir los temas de investigación de los demás, siempre aportando en las presentaciones de otros proyectos. Escribió mucho sobre el clientelismo y fue una de las personas más opuestas a generar cualquier tipo de relación clientelar con asistentes de investigación o investigadores más jóvenes. Su presencia siempre contribuía al debate honesto con base en argumentos, lejos de la crítica fácil o la adulación.

Fue director general del IEP en los ochenta. Además, integró el comité directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y fue miembro del comité editorial de la revista Latin American Research Review, entre otros. A lo largo de su vida recibió diversos premios y distinciones, entre ellos la beca John Simon de la Guggenheim Memorial Foundation, el doctorado honoris causa de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Premio Nacional de Cultura por su trayectoria en ciencias sociales y el Premio Kalman Silver de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), por su contribución al desarrollo de las ciencias sociales en la región.

Su espíritu crítico ha permeado siempre al IEP, esperamos que este espacio sirva para que el público pueda acercarse a la obra de Julio, a su opinión, tan vigente hasta el día de hoy.